En el día internacional de la mujer, 8 de marzo, hay mucho de que hablar, pero como mujer y diseñadora, quiero hablaros de un tema en particular. Me ofende ver noticias de empresas que sacan productos con «diseños específicos para mujeres».

Es el ejemplo de PepsiCo que hace poco anunció que sacaba «patatas fritas para mujeres», con una bolsa más pequeña (ara llevarla en el bolso…con unas patatas que no ensucian los dedos y que son menos crujientes, para no hacer ruido.

What???

Sí, como lo oyes. Parece ser que nosotras no comemos igual que ellos. Su presidenta, Indra Nooyi, en un programa de radio de Estados Unidos anunció que hombres y mujeres no comemos ( o no podemos comer) igual los productos de la multinacional:

“Cuando los jóvenes comen patatas chip se chupan los dedos con gran alegría, y cuando llegan el fondo de la bolsa vierten las migas en su boca porque no quieren perder ese sabor. A las mujeres les encantaría hacer lo mismo, pero no lo hacen”.

¿Además nos tenemos que reprimir? no fastidies.

 

Una cosa es que nos puede gustar el rosa, y otra diferente es que tengan que hacernos productos a «nuestra medida».

Desde pequeñas nos hacen saber muy bien que somos diferentes. Sólo tienes que ir a la sección de juguetes de cualquier centro comercial o hipermercado. Los juguetes para niñas, son todos empaquetados rosas, y los juguetes son bebés, comida, moda, belleza…y el empaquetado para niños es azul y los juguetes relacionados con policias, superhéroes, coches…la segmentación por género comienza en la niñez.

Tengo dos niños y nunca les he dicho lo que era de niño o de niña. Y ellos lo tienen claro desde bien pequeños…

Esta diferenciación va creando prejuicios desde muy temprana edad. Cuando somos adultas no nos gusta que nos traten como el sexo débil. Queremos ser iguales, tener los mismos derechos, que se nos pague igual por el mismo trabajo que realiza un hombre. Queremos respeto. Pero estos cambios, en mi opinión, deberían hacerse desde la base.

De nada me sirve educar a mis hijos en la igualdad si ellos absorben otro tipo de ideas de lo que observan a su alrededor. Difícil tarea la nuestra.

Aparte de productos como las patatas, en las que quieren diferenciar entre hombres y mujeres ( y en el caso de las mujeres, seguro que con packaging donde hablen de empoderamiento, y «las chicas son guerreras», atentas al engaño) encontramos múltiples casos donde tenemos el mismo producto, diferenciado para mujeres.

 

 

 

 

Las niñas debe ser que no jugamos a este juego igual que los niños. Claro, a nosotras nos interesan más las boutiques y los centros comerciales que las casas y los hoteles. Lo importante y lo serio, se lo dejamos a ellos. Que nosotras tenemos bastante con pensar en el peinado que vamos a llevar hoy.

 

 

 

 

Estos bolígrafos hace poco también crearon polémica. Eran más finos, para nuestras delicadas manos…

 

 

 

 

Las mujeres llevamos rasurándonos el vello desde mucho antes de la existencia de estas cuchillas rosas…¿realmente era tan necesario para vendernos el producto?

 

 

 

 

Si desde pequeñas nos asocian el color rosa, ¿para quién crees que está dirigido este producto?

Todo el mundo sabe que nuestras orejas son diferentes a las de ellos

Estos son algunos ejemplos que podemos encontrar, pero hay muchos más.

La ropa de deporte…( ¿si no es rosa no podemos hacer deporte?)

Los productos para adelgazar (¿ellos no quieren encontrarse bien con su cuerpo?)

La ropa para niños y niñas…

El objetivo de estas empresas es claro. Llegar al publico femenino y conquistarlo con el color con el que se nos ha educado desde pequeñas, el rosa. Hasta aquí no le veo mucho problema. Lo malo es cuando asocian el rosa a otros elementos que dan a entender que somos inferiores, que determinados trabajos son en exclusiva para nosotras, o que nosotras no podemos hacer las cosas igual que ellos.

Admitir este tipo de practicas de marketing, creo que hace un flaco favor a la educación que deberíamos encargarnos de transmitir todos a las futuras generaciones. Explicar a tu hija que no tiene que llevar todo rosa es un comienzo. Comprar a tu hijo un bebé también. Mirar lo que estamos enseñando con nuestros gestos es muy importante.  Rechazar este tipo de productos, simplemente no comprándolos, es una manera de impedir que se extiendan como la pólvora.

Todos y todas tenemos un pedacito de responsabilidad en la sociedad que nos ha tocado, y pequeños gestos a veces son grandes pasos.

¿A ti no te pasa que crees que estamos invadidos por el «rosa»?

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