Uno de mis peques, el mayor, se acerca peligrosamente a los 6 años, y creo que dentro de poco nos visitará el Ratoncito Pérez. Hace tiempo vi en Instagram unas puertas de madera chulísimas, pintadas en colores pastel, con su número, su buzón…una monería. Como a mi me gusta que ellos participen, porque creo que así les queda un recuerdo para duradero y valoran mas las cosas, busqué una puerta, que encontré en Ebay, y con pintura y unos pinceles….a pintar!

 

 

Le dimos varias manos, y después le pegamos unos complementos…el tirador, el número de puerta, un llamador…creo que compré un buzón, pero las piezas son tan pequeñas que lo perdí! (si lo hacéis guardarlo todo bien y lejos de las diminutas manos infantiles…)

Después le he contado la siguiente historia, que no sé si será la mejor, pero ha colado. Le dijimos que un día, mientras estuviera en el cole, el papi haría un agujero en la pared y pondríamos la puerta, que sólo podría abrir el ratoncito con su llave especial de ratoncitos, que es muy muy pequeña, tamaño ratoncito, que es un tamaño muy muy pequeño. Tanto que no hace falta hacer un agujero muy grande, con un agujero pequeñito en el ladrillo, ya puede entrar, porque el ratoncito se mueve por los ladrillos de la casa, por eso no hay agujero al otro lado (ojo con esto, porque quería mirar al otro lado de la pared como era el agujero, y claro, tuve que improvisar sobre la marcha).

 

 

 

Si quieres profundizar más sobre la historia del Ratoncito Pérez, además de leer cuentos (otro día intentaré hacer una lista con unos cuantos títulos), si estáis en Madrid podéis visitar el Museo del Ratoncito Perez, donde podréis conocer los orígenes de esta tradición.

Espero que os haya gustado, y si hacéis vuestra propia puerta o habéis contado otra historia a vuestros peques, estaría encantada de conocerla. Sólo tenéis que dejarme un comentario aquí o en Facebook.

Que tengáis un día FUN!!

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